ARTÍCULO DE OPINIÓN
La colaboración médica como capital simbólico en el proceso de formación integral
Medical collaboration as symbolic capital in the comprehensive training process
Hilda Peña Guerrero 1
, Jorge Lino Balseiro 1
, Eneyda Secada
Cárdenas
1
, Mileidys Alonso
Gómez 1*![]()
1 Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas. Facultad de Ciencias Médicas de Matanzas “Dr. Juan Guiteras Gener”, Matanzas. Cuba.
*Autor para correspondencia: mileidysag1@gmail.com
Recibido: 12/11/2025
Aceptado: 30/01/2026
Cómo citar este artículo: Peña-Guerrero H; Lino-Balseiro J; Secada-Cárdenas E; Alonso-Gómez M. La colaboración médica como capital simbólico en el proceso de formación integral. MedEst. [Internet]. 2026 [citado acceso fecha]; 6:e474. Disponible en: https://revmedest.sld.cu/index.php/medest/article/view/474
RESUMEN
La universidad de ciencias médicas contribuye a la formación del capital humano que se necesita para la sociedad, encargo que se hace más notable por su responsabilidad en la formación humanista. En paralelo, la globalización neoliberal conduce a deshumanizar a la más humana de las profesiones, las nuevas formas de dominación cultural conducen a la deshistorización que dejan a los pueblos sin capital simbólico. La colaboración médica internacional es de impacto mundial y acumula el reconocimiento de este en la docencia, la asistencia y la investigación. Por ello es válido analizar la colaboración médica internacional como capital simbólico en el proceso de formación de los profesionales de las ciencias médicas. Los autores utilizan el término de capital simbólico para describir la contribución de la colaboración médica internacional al éxito de la formación del profesional de la salud. Emplear el caudal de experiencias acumuladas debe dar como resultado un personal comprometido con el proyecto social cubano y su modelo de gestión que incluye la proyección internacional. La colaboración médica internacional como capital simbólico se vincula al proceso de formación y da como resultado un profesional integral competente.
Palabras claves: Proceso de Formación; Colaboración Médica Internacional; Capital Simbólico; Memoria Histórica.
ABSTRACT
The medical university contributes to the formation of the human capital needed by society, a task made all the more significant by its responsibility for humanistic education. At the same time, neoliberal globalization leads to the dehumanization of the most human of professions; new forms of cultural domination lead to a dehistoricization that leaves societies without symbolic capital. International medical collaboration has a global impact and is recognized for its contributions to teaching, healthcare, and research. Therefore, it is valid to analyze international medical collaboration as symbolic capital in the training process of medical professionals. The authors use the term "symbolic capital" to describe the contribution of international medical collaboration to the successful training of healthcare professionals. Utilizing the wealth of accumulated experience should result in personnel committed to the Cuban social project and its management model, which includes international outreach. International medical collaboration as symbolic capital is linked to the training process and results in a competent, well-rounded professional.
Keywords: Training Process; International Medical Collaboration; Symbolic Capital; Historical Memory.
La educación constituye un factor determinante en la conformación de la identidad nacional, en la construcción del ideal social y en el desarrollo del capital humano que la sociedad requiere. Este encargo adquiere una dimensión singular en las universidades de Ciencias Médicas de Cuba, dada su responsabilidad explícita en la formación humanista de los profesionales de la salud. De manera paralela, a escala global, predomina un modelo neoliberal de desarrollo capitalista que, por su lógica intrínseca, tiende a la deshumanización incluso de la más humana de las profesiones.
La mercantilización de todas las dimensiones de la vida desafía la espiritualidad de los sujetos, mientras que nuevas formas de dominación cultural inciden en las subjetividades y conducen a procesos de deshistorización. Este fenómeno priva a los pueblos de su capital simbólico y los sume en una crisis ética y axiológica, vaciándolos de ideas, valores y significados.
Los colaboradores cubanos han sido testigos directos de la guerra simbólica que se libra contra la colaboración médica internacional, la cual busca estigmatizarla como una forma de esclavitud o presentarla bajo una imagen mercantilizada que pretende moldear las subjetividades. Esta última estrategia actúa como una fachada para conquistar los imaginarios populares y defenestrar el prestigio ganado. Frente a esta narrativa, la resistencia emerge desde la huella humanista dejada en el mundo, donde el colaborador médico cubano es identificado como quien atiende a los verdaderos excluidos: los esclavizados, los colonizados, los nadie.
La colaboración médica internacional cubana posee un impacto mundial y acumula reconocimiento en los ámbitos de la docencia, la asistencia y la investigación. Su valor se hace tangible en vidas salvadas, problemas de salud resueltos y profesionales formados; y se revela en lo intangible a través de la producción de símbolos que identifican globalmente los servicios de salud cubanos.
Por todo ello, resulta válido y necesario analizar la colaboración médica internacional cubana como un capital simbólico en el proceso de formación de los profesionales de las ciencias médicas.
El 21 de mayo de 1960 se envió de forma emergente a Chile, tras un terremoto, la primera brigada médica. En 1963 se estableció la primera ayuda permanente con el envío de una brigada a Argelia, compuesta por 55 colaboradores que prestaron servicios durante un año. Esta última fecha se considera el inicio formal de la colaboración médica internacional cubana, hecho que marca su origen histórico. (1)
Desde entonces, se evidencia una sólida tradición de solidaridad internacional y se despliega un sistema de acciones cuyo objetivo es prestar ayuda en el ámbito de la salud, teniendo en cuenta que los servicios médicos constituyen un eje estratégico para alcanzar la visión de nación hacia el 2030. (2)
Las actuales condiciones socio históricas en el contexto universitario cubano de las ciencias médicas necesitan de símbolos que convoquen a la formación en valores y contribuyan a la formación integral del profesional que se quiere formar. La colaboración médica internacional cuenta en su ejército de batas blancas con un número representativo de profesionales que sobresalen en el cumplimiento de su deber e impactan con su ejemplo en las nuevas generaciones que se forman.
La asimilación consciente del ejemplo en los escenarios de formación camina de la mano de la vocación humanista elegida y en total coherencia con la aseveración marxista de que “La naturaleza humana es tal que el hombre solo puede alcanzar su perfeccionamiento trabajando para el perfeccionamiento de sus contemporáneos, para su bienestar…se elige una profesión en la que se puede hacer el máximo para la humanidad, no nos podrán doblegar las cargas, ya que solo son sacrificios comunes; por tanto no disfrutaremos de alegrías pobres, limitadas, egoístas, sino nuestra felicidad pertenecerá a millones, nuestras obras vivirán silenciosamente, para siempre, y nuestras cenizas serán bañadas de lágrimas ardientes de hombres íntegros”. (3)
Los autores utilizan el término de capital simbólico para describir la contribución de la colaboración médica internacional al éxito de la formación del profesional de la salud.
Es Pierre Bourdieu (4), sociólogo francés, quien incorpora el concepto de capital simbólico en el análisis social. Bourdieu lo concibe como una cuarta especie de capital, compuesta por todo aquello socialmente valioso, acumulable, reproducible y convertible. Su contenido abarca propiedades inherentes a las personas, tales como autoridad, prestigio, reputación, fama, crédito, notoriedad y honorabilidad, entendidas como una energía social en las relaciones de sentido. Este concepto se fundamenta en la necesidad humana de justificar la existencia y encontrar una razón de ser socialmente reconocida.
Otros autores enriquecen esta conceptualización. París Pombo (5), por ejemplo, enfatiza la dimensión subjetiva al considerar que el capital simbólico está constituido por todas las formas de reconocimiento social y de percepción. De manera análoga, Flachsland (6) profundiza en las aportaciones de Bourdieu (4), explorando la posibilidad de analizar la intrínseca relación entre la dimensión objetiva y subjetiva de los hechos sociales.
En el contexto latinoamericano, el teólogo brasileño Frei Betto (7) reconoce la riqueza de Cuba en capital simbólico, destacando su originalidad y su sustento en la independencia, la libertad, la cooperación y la solidaridad. Betto se plantea una pregunta crucial: ¿Qué pasaría si Cuba abandonara su capital simbólico? Para este pensador, este capital representa una inmunidad ideológica y un sentido de la vida, que adquiere plenitud cuando está acompañado por un sentido ético.
Por su parte, el jurista y sociólogo cubano Julio César Guanche (8) vincula el concepto directamente con la memoria histórica. Esta conexión se hizo patente en la II Conferencia Internacional "Con todos y para el bien de todos" celebrada en 2016 (9), donde quedó expuesto el reclamo de preservar el capital simbólico de los pueblos. Más recientemente, durante el Coloquio Patria 2023 en Cuba, el término fue empleado de forma recurrente por periodistas latinoamericanos, evidenciando su vigencia en el debate público. (10)
Estos antecedentes motivan a rescatar, desde la memoria histórica, la colaboración médica internacional cubana como un capital simbólico que, encarnado por sus "héroes de batas blancas", se ha convertido en historia viva.
El concepto de capital simbólico facilita el análisis interdisciplinario de problemáticas educativas. Aunque su origen es sociológico, su aplicación se ha extendido a áreas como la política, la filosofía, la psicología, la pedagogía y el estudio de la educación en sí misma.
Las diversas definiciones del concepto coinciden en señalar una acumulación —tanto objetiva como subjetiva— de formas de pensar, ser y hacer socialmente reconocidas. Estas formas otorgan sentido a la existencia, identifican historias y bienes socialmente apreciados, y engloban honores que poseen un significado profundo y una capacidad inspiradora para los demás.
Este concepto permite, además, analizar la espiritualidad que se desarrolla en el proceso de la colaboración médica internacional cubana. En este contexto, se revelan nuevos paradigmas actitudinales, valores y elementos de la esfera afectiva, integrados en historias individuales y colectivas. El capital simbólico contiene los honores adquiridos que, al acumularse, dan sentido a la vida y a la profesión elegida, funcionando como fuentes de prestigio nacional e internacional. En conjunto, estos elementos constituyen una energía social, una motivación y un conjunto de saberes articulados en el modelo de profesional de las ciencias médicas que Cuba y el mundo necesitan.
El capital simbólico está, en definitiva, constituido por experiencias humanas cognoscitivas y comportamientos. Es uno de los conceptos más complejos, utilizado como un instrumento heurístico para articular la dimensión objetiva y subjetiva de los fenómenos sociales. Reúne en su seno virtudes científicas, expresadas tanto en la actitud y calidad de vida del profesional, como en una constelación de virtudes que trasciende el espacio nacional para proyectarse internacionalmente.
De todo lo expuesto, los autores definen el capital simbólico como la acumulación de significados socialmente válidos, expresados en reconocimiento, historias de vida que reflejan identidad y sentidos que distinguen el quehacer de la colaboración médica internacional.
Ban Ki-moon, exsecretario general de las Naciones Unidas, durante su visita a Cuba en enero de 2014, señaló que el factor común que encontraba en las áreas más olvidadas del mundo era la presencia de médicos cubanos y de profesionales de la salud nativos formados en la isla. Advirtió que muchos de los directivos de servicios de salud que conoció en países en desarrollo habían estudiado en Cuba, incorporando las lecciones aprendidas en sus propios sistemas de salud pública. El diplomático resumió la presencia médica cubana afirmando: "Son siempre los primeros en llegar y los últimos en irse, y siempre se quedan después de la crisis. Cuba tiene mucho que enseñarle al mundo entero con su sistema de salud pública, un modelo para muchos países". (11)
Esta valoración internacional dignifica la colaboración médica cubana y distingue su vocación de servicio al lado de los pacientes, sin distinciones de ningún tipo, lo que evidencia su profunda dimensión humana. Además, reconoce explícitamente que la formación médica en las universidades cubanas contribuye a un modelo de médico social, cuya práctica se distingue por un humanismo paradigmático.
La universidad de ciencias médicas en Cuba tiene la misión de formar especialistas de la salud para Cuba y el mundo. Su modelo educativo integra la educación humanista, la solidaridad y la responsabilidad social, asumiendo el precepto martiano de que "Patria es humanidad". De este modo, fortalece el valor del internacionalismo como principio rector de la Revolución Cubana, refrendado en la Constitución de 2019. (12)
El Plan de Estudio "E" define la formación integral como un paradigma insoslayable para los futuros médicos, estableciendo los referentes a seguir: el ejemplo personal en la docencia y los componentes científico y patriótico, sustentados en las vivencias adquiridas durante la prestación de servicios tanto dentro como fuera del país. (13)
En consecuencia, es imperativo formar un profesional integral capaz de comprender y transformar su entorno social. La formación debe dar como resultado graduados con un sólido desarrollo político, fundamentado en la Ideología de la Revolución Cubana; dotados de una amplia cultura científica, ética, jurídica, humanista, económica y medioambiental; comprometidos y preparados para defender la Patria socialista y las causas justas de la humanidad con argumentos propios; y, finalmente, competentes para un desempeño profesional excelente y el ejercicio de una ciudadanía virtuosa. (13)
De las indagaciones sobre la categoría de formación, prevalece la concepción de que esta constituye un proceso caracterizado por ser simultáneamente social e individual, multifactorial, multicontextual, complejo, mediacional, permanente, relacional, multilateral, inacabado y multidimensional. Se configura a lo largo de toda la vida y se construye en función de saberes, prácticas, valores, costumbres, regulaciones, experiencias y vivencias. En él participa no solo el individuo en formación, sino todas las personas con las que se relaciona. (14)
La efectividad de este proceso formativo puede evaluarse a través del prisma de la colaboración médica internacional cubana, donde se expresa en la consolidación de valores y en la acumulación de aprendizajes en los niveles cognitivo, científico y ético.
El contexto de la colaboración internacional entraña una espiritualidad que se construye en la práctica social de lucha por la justicia. Esta práctica genera una visión más fraternal y universal, forjando una identidad social que se manifiesta en la actitud del profesional. De este modo, se objetivizan los valores desarrollados durante la formación médica. El humanismo se erige como un componente básico, ya que los ideales se consolidan en la práctica histórico-social. La base de la educación moral, por tanto, debe ser la patria, entendida también como humanidad.
El entorno de la colaboración médica internacional cubana está saturado de símbolos vinculados a la cosmovisión del mundo, de la profesión y del médico que se es o aspira a ser; símbolos conectados con aquello que se ama y que llega profundamente a la sensibilidad. (15) La historia de esta colaboración a lo largo de seis décadas, en todas sus modalidades y a través del mundo, constituye un recurso pedagógico-didáctico de extraordinaria importancia para la formación integral del profesional de la salud en Cuba. Su valor no se limita al aspecto humanístico —quizás el más significativo—, sino que se extiende también al técnico, permitiendo vincular la educación humanista con la práctica concreta del humanismo en las ciencias médicas.
Por ello, se precisa utilizar la colaboración médica internacional como capital simbólico en el proceso de formación, reconociendo al profesor-colaborador como núcleo vivo de este capital. Su ejemplo se aproxima como paradigma al "tiempo existencial" de los estudiantes, quienes lo descubrirán y harán suyo durante su propio proceso formativo. Aprovechar todo el caudal de experiencias acumuladas a lo largo de este tiempo debe convertirse en una necesidad estratégica para formar un personal comprometido con el proyecto social cubano y su proyección internacional. La colaboración médica ha sido, desde sus inicios, una de las cartas de presentación más elocuentes de este proyecto, al hablar directamente de su carácter humanista e internacionalista.
A pesar de las campañas de desprestigio y las presiones constantes a las que se ha visto sometida esta colaboración —y a sus profesionales—, la mayoría ha superado el asedio. En ellos, predominan los principios y valores adquiridos durante su formación.
Tanto el proceso formativo como la colaboración contribuyen a la conformación de un ideal profesional. (16) Esta abstracción se forma bajo la influencia de una compleja serie de condicionamientos generados en la interacción entre el sujeto y la realidad. El ideal del colaborador es un producto histórico-cultural, una realidad presente en la conciencia social cubana y en el mundo simbólico. La eficacia de su conceptualización depende directamente de la capacidad del concepto construido para recoger la esencia de esa realidad de manera articulada y coherente, explicando su génesis, actualidad y proyección futura con un valor práctico que facilite la aceptación, el convencimiento y la movilización.
La historia de la colaboración médica cubana, como recurso pedagógico, es fundamental en la formación humanística del personal de salud, especialmente por su aporte directo al capital simbólico. Para formar el perfil deseado, es válido emplear todos los recursos disponibles: desde anécdotas y materiales audiovisuales hasta la presencia física de quienes han participado, de manera protagónica o no, en las más diversas situaciones y lugares. La experiencia personal contada en primera persona es un recurso pedagógico insustituible; nada influye y conmueve tanto en el comportamiento ajeno como el ejemplo personal.
El riquísimo historial acumulado en décadas de colaboración, a menudo en condiciones complejas y adversas, pone de relieve los valores humanos más significativos encarnados en esas actitudes y desempeños. Algunos adquieren especial relevancia: la solidaridad, el humanismo, la responsabilidad, el patriotismo y el internacionalismo.
El reconocimiento a los colaboradores contribuye a la sostenibilidad del claustro docente al enaltecer a las personas. Desarrolla expectativas en los estudiantes, consolida la vocación en la medida en que dejan una huella en la formación, destaca lo local dentro de la encomienda nacional y genera un contenido socialmente necesario que se transfiere de generación en generación.
Forman parte de este capital simbólico aquellos profesionales cuyo currículum lleva el nombre de múltiples países y pacientes; quienes han resuelto problemas de salud en lugares difíciles, han generado bienestar para millones y continúan, desde la patria, apostando por la formación de las nuevas generaciones. Se distinguen como profesionales consagrados y autorreconocidos, asegurando una identidad tanto nacional como profesional.
La colaboración médica internacional cubana es un proceso histórico concreto y, por tanto, cambiante. El proceso de formación, por su parte, configura un ideal alcanzable en la medida en que amplía la visión de la existencia en el planeta. Utiliza el capital simbólico como paradigma y valor, se nutre del humanismo y de las historias de vida en nuevos contextos. Su articulación con el proceso formativo inspira como ideal gnoseológico y, a través de nuevas mediaciones, se convierte en energía social y fuente de motivación, donde la fuerza del ejemplo da como resultado un profesional integral y competente.
Son héroes de la medicina que constituyen capital simbólico. Contribuyen con su ejemplo a la formación de nuevos profesionales y cotidianamente dan vida a las palabras de Fidel Castro: "ganan en experiencias, prestigio, calidad humana; porque ese médico que va, que está un año, año y medio, dos años, que conoce todas esas realidades del mundo, que se enfrenta a problemas serios, es sin duda también un profesional, un especialista llamado a desempeñarse después con más eficiencia, porque la práctica del internacionalismo no significa que solo con ello se ayuda a los demás, sino que practicando el internacionalismo nos ayudamos también a nosotros mismos". (17)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses.
FUENTES DE FINANCIACIÓN
Los autores no recibieron financiación para el desarrollo del presente artículo.