CARTA AL DIRECTOR
Hacia la internacionalización de la educación médica cubana: el papel del Marco Común Europeo de Referencia
Towards the internationalization of Cuban medical education: the role of the Common European Framework of Reference
Juan Carlos Nodarse Álvarez 1*, https://orcid.org/0000-0003-3809-835X
Leys Lubia Calderón González 1, https://orcid.org/0009-0005-1234-0322
Liset Navarro Brito 1, https://orcid.org/0009-0001-3934-7349
1 Universidad de Ciencias Médicas de Sancti Spiritus. Sancti Spiritus,
Cuba.
*Autor para la correspondencia: juancarlosnodarse57@gmail.com
Recibido: 02/01/2026
Aceptado: 15/02/2026
Cómo citar este artículo: Nodarse-Álvarez JC; Calderón-González LL; Navarro-Brito L. Hacia la internacionalización de la educación médica cubana: el papel del Marco Común Europeo de Referencia. MedEst. [Internet]. 2026 [citado acceso fecha]; 6:e493. Disponible en: https://revmedest.sld.cu/index.php/medest/article/view/493
Estimado Director:
En el panorama contemporáneo de la educación médica superior, caracterizado por la globalización del conocimiento, la colaboración transnacional y la movilidad profesional, la competencia lingüística ha dejado de ser un complemento para convertirse en un pilar fundamental de la formación. Es en este contexto donde el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER) emerge no como una simple herramienta de evaluación, sino como un estándar internacional de incalculable valor estratégico para nuestras universidades de ciencias médicas (1). Su implementación trasciende con creces la administración de un examen de idiomas; constituye la base estructural para la formación integral de profesionales de la salud, dotados de las competencias comunicativas e interculturales imprescindibles para una participación activa, relevante y de alto impacto en la esfera científica y asistencial internacional.
La preponderancia del inglés como lingua franca de la ciencia es un hecho incontrovertible (2). Más del 90 % de la literatura biomédica de alto impacto se publica en este idioma, las principales conferencias y congresos lo adoptan como medio de comunicación, y las redes de investigación globales operan predominantemente en inglés. Enfrentar esta realidad sin una estrategia pedagógica sólida, estandarizada y reconocida internacionalmente condena a nuestros estudiantes y profesionales a una posición de desventaja. La adopción del MCER representa precisamente esa estrategia, al ofrecer un marco de referencia común que define con precisión los niveles de dominio lingüístico, desde el A1 (acceso) hasta el C2 (maestría). Esto permite alinear nuestros currículos, metodologías de enseñanza y sistemas de evaluación con parámetros universales, garantizando que la competencia comunicativa de nuestros graduados sea transparente, comparable y reconocida en cualquier foro del mundo.
La relevancia del MCER para la educación médica superior cubana se manifiesta de manera concreta y multifacética, pudiéndose sintetizar en tres beneficios cardinales que impactan directamente en la calidad de nuestra labor formativa, investigativa y asistencial.
En primer lugar, el MCER garantiza el acceso directo, crítico y permanente al conocimiento científico global. No se trata solo de "saber inglés", sino de alcanzar niveles de competencia (particularmente a partir del B2 y en el espectro C) que capaciten al estudiante o al profesional para comprender, analizar, sintetizar y utilizar de manera autónoma y eficaz la literatura médica más actualizada. Esto incluye desde la lectura comprensiva de artículos complejos en revistas como The Lancet o The New England Journal of Medicine, hasta la interpretación de protocolos clínicos, guías de práctica y documentación regulatoria. (1) Un médico o investigador con un nivel C1 no solo traduce palabras; interpreta matices, evalúa la solidez metodológica de un texto y extrae el conocimiento aplicable a su contexto. Esta capacidad es el sustrato esencial para la medicina basada en evidencias y para la innovación autóctona, pues permite a nuestros profesionales nutrirse de los avances globales y, a su vez, contextualizarlos y contribuir con sus propias experiencias.
En segundo término, el marco desarrolla competencias de comunicación intercultural que son consustanciales a la práctica médica moderna. El MCER, en su propia filosofía, va más allá de la gramática y el vocabulario para enfatizar la capacidad de actuar lingüísticamente en contextos sociales y culturales específicos (1). En un mundo donde la diversidad cultural es la norma, el profesional de la salud cubano puede interactuar con pacientes de otras nacionalidades, trabajar en equipos multidisciplinarios internacionales o participar en misiones colaborativas.
Según los autores, en estos escenarios, comunicarse con eficacia implica entender diferencias en la concepción de la salud y la enfermedad, en la relación médico-paciente, y en los protocolos de comunicación profesional. Un nivel B2 o C1 según el MCER integra estas dimensiones sociolingüísticas y pragmáticas, formando a un profesional no solo lingüísticamente hábil, sino también culturalmente sensible y éticamente preparado para la interacción global. Esta competencia es crucial para evitar malentendidos clínicos, construir confianza y ofrecer una atención verdaderamente centrada en la persona, independientemente de su origen.
El tercer beneficio clave radica en que el MCER facilita y potencia la movilidad académica, el intercambio profesional y la colaboración internacional. Las certificaciones basadas en este marco (como las de Cambridge, IELTS, etc.) son reconocidas y exigidas por universidades, hospitales, organismos de acreditación y centros de investigación de todo el mundo (1, 2). Para un residente cubano que aspira a una estancia de superación en Europa, para un investigador que postula a un proyecto Horizonte Europa, o para un profesor invitado a impartir una conferencia, poseer una certificación MCER es un pasaporte académico que valida sus habilidades de manera objetiva. La implementación sistemática del MCER en nuestras instituciones permitiría preparar a nuestros estudiantes para obtener estas certificaciones, abriéndoles puertas a programas de doble titulación, residencias clínicas en el extranjero, estancias postdoctorales y proyectos de investigación conjuntos. Esto, a su vez, retroalimenta positivamente a la institución, atrayendo también a más estudiantes y colaboradores internacionales, en un círculo virtuoso de internacionalización.
La adopción sistemática del MCER en nuestras instituciones de ciencias médicas, por tanto, no representa una simple ventaja académica opcional. Encarna un compromiso profundo con la excelencia, la calidad y la proyección internacional de la medicina cubana, históricamente reconocida por su solidez científica y su vocación solidaria. Implica modernizar un componente crucial de nuestro proceso formativo para que esté a la altura de nuestro prestigio y nuestras aspiraciones. Ignorar esta necesidad sería subestimar el papel que la comunicación juega en la ciencia del siglo XXI y limitar el potencial de impacto de nuestros talentosos profesionales.
En consecuencia, y con el ánimo de propiciar un debate fructífero y una acción concertada, proponemos a la comunidad académica, a los decanatos, a las direcciones de posgrado y a las autoridades rectoras de la educación médica superior en Cuba, que consideren la integración formal y progresiva del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas en las políticas educativas institucionales. Esta integración podría materializarse a través de:
1. La revisión y alineación de los currículos de inglés (y otros idiomas de interés) con los descriptores de los niveles MCER.
2. La capacitación y actualización metodológica del claustro de idiomas en el enfoque por acciones y la evaluación conforme al MCER.
3. La implementación de sistemas de evaluación interna que simulen y preparen a los estudiantes para las certificaciones internacionales reconocidas.
4. La promoción de la movilidad y la colaboración internacional como estímulo y contexto de aplicación real de las competencias lingüísticas adquiridas.
5. La creación de centros o aulas de idiomas especializados en ciencias de la salud, con recursos y materiales alineados al marco y a las necesidades comunicativas específicas de la profesión.
Esta adopción estratégica no es un gasto, sino una inversión en capital humano. Fortalecería de manera decisiva nuestra capacidad para formar profesionales que, aunados a un dominio excepcional de su especialidad médica, estén plenamente preparados para contribuir de forma activa, protagónica y elocuente tanto al diálogo científico internacional como a los esfuerzos globales por la salud pública.
En un mundo interconectado, la excelencia médica se construye también con las palabras precisas, en el idioma adecuado, en el foro correcto. Dotemos a nuestras futuras generaciones de médicos, estomatólogos, enfermeros y científicos de la salud de esa poderosa herramienta. La medicina cubana, con su tradición de vanguardia y solidaridad, merece y necesita tener una voz aún más fuerte y clara en el concierto mundial de la salud.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Council of Europe. Common European Framework of Reference for Languages: Learning, Teaching, Assessment. Cambridge: Cambridge University Press; 2001. Disponible en: https://www.coe.int/en/web/common-european-framework-reference-languages/
2. Crystal D. English as a Global Language. 2nd ed. Cambridge: Cambridge University Press; 2003. Disponible en: https://www.academia.edu/59223905/Crystal_David_2003_English_as_aGlobal_Language_Second_edition_Cambridge_University_Press
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses